martes, 27 de mayo de 2014

ELECCIONES DEMOCRÁTICAS: YA HAS ELEGIDO A TU DEMAGOGO.




Lo siento mucho, pero yo no fui a votar. Soy consciente de que hay muchas voces que se alzan contra la abstención porque según la ley D´Hont se benefician los partidos mayoritarios. Bueno, esto es un mantra falso promovido por los partidos minoritarios, pues son conscientes de que quienes se abstienen de votar son los descontentos con PP y PSOE, es decir, su caladero de votos.
Creo que la democracia es un sistema obsoleto que los gobernantes no quieren renovar, porque sería tirar piedras contra su propio tejado. Es muy simple, la democracia se basa en la lógica del deseo ya denunciada por Platón. Y Platón no era ningún imbécil al que tomaran el pelo demagogos que parasitan la democracia.
La lógica del deseo se basa en que demagogos generan, con sus discursos repletos de mentiras, un deseo entre el electorado. Venden el cielo en la tierra, usan las ilusiones y los miedos de los votantes para alzarse en el poder. Pero es fácil reconocer a un demagogo: todos dicen que arreglarán el mundo, pero ninguno dice cómo.
Sí, todos los candidatos son demagogos. Y cuanto más pueril es su discurso, a más personas llega. En definitiva, manipulan a las masas para alcanzar la gallina de oro. Al hilo de esto, recomiendo leer el decálogo sobre manipulación de las masas que escribió Goebles. Así  cualquiera podrá entender como direccionan su pensamiento a la hora de votar.
La democracia está enferma de demagogia e incompetencia. La gente cree que votando cambiarán las tornas. Lo siento, pero Papa Noel viene en diciembre, no en mayo. Es un razonamiento demasiado simple pensar que si uno no vota a PP o PSOE y vota a Podemos, UPD o cualquier otro, cambiará el mundo. Cuando algo es demasiado bonito para ser verdad, es porque es mentira.
¿Alguien recuerda el “Yes we can” de Obama o el “Podemos” en Venezuela? No sé, pero yo tengo la sensación de estar en un perpetuo deja vú demagógico.
Pero lo peor es el avance de los demagogos de ultraderecha y ultraizquierda en Europa. Usar el descontento para alzarse en el poder como lo hizo Obama es una cosa. Pero como lo usa Mari  Le Pen es otra. Esta mujer no tiene el toque Disney del Presidente de EEUU.
Demagogia y democracia van unidas desde los tiempos de Platón. Hay que acabar con el gobierno de los peores hombres. Ya está bien de tomar el pelo a la gente haciéndoles creer que si votan y cambian a unos demagogos por otros, cambiarán las cosas. Que si votan a determinado partido político, sus problemas se habrán solucionado como por arte de magia.


La democracia no ha evolucionado a la par que la economía. ¿Por qué? Porque no interesa. Toda ideología te dice a quién debes odiar.  Esto lo saben los políticos y por eso no quieren ni oír hablar de que la ideología en el siglo XXI, en la globalización, es un lastre social.
Me explico. Si odias a los rojos votas a los azules. Si odias a los azules votas a los rojos. Si odias a rojos y azules, votas a los verdes.
La ideología es inútil en la globalización, pues manda el mercado global. Los gobernantes no tienen control de la economía de su país, sólo pueden tomar medidas para paliar los efectos de una crisis económica o una guerra en la otra parte del globo, que repercute aquí o allá económicamente. Así que, ¿de qué sirve votar a unos que prometen austeridad u otros que prometen dadivosidad? De nada, porque quien manda en los países son el mercado global y las multinacionales.
Pero la ideología se mantiene para aborregar a los individuos. Para dirigir los odios y los miedos de los votantes: así votan emocionalmente, no racionalmente.
Y esto lo saben los políticos de tres al cuarto que fundamentan sus discursos en la demagogia y que prometen casas para todos, coches para todos y un futuro mejor que si ganan los contrarios. La democracia está enferma, hay que purgarla de los parásitos que la agostan.
Yo propongo una alternativa al sistema enfermo: la tecnocracia democrática. Un sistema debe ser simple en su funcionamiento para que no tenga fugas. Bien, la tecnocracia democrática es bien simple: ¿usted quiere presentarse como candidato a unas elecciones? Pues se le somete a unos exámenes en los que se le plantean situaciones a las que se enfrentarán como gobernantes: negociaciones con países beligerantes, contextos de crisis económica mundial y nacional, soluciones a problemas sociales con una deuda del 100 % del PIB, etc.
¿A los cirujanos no se les pide que sepan operar quirúrgicamente?  ¿A los pilotos de aviación no se les exige que hagan volar un Yumbo? Pues los gobernantes deben saber gobernar. Así que, si no saben resolver en la teoría situaciones reales a las que se pueden enfrentar durante su legislatura, ya pueden ahorrarse el sofismo de sus discursos.
¿Quién pondría estos exámenes? Muy simple, catedráticos de las materias en cuestión que serían elegidos por sorteo. Dejemos al azar lo que en manos de los hombres sería una fuente de corrupción, pues lo único que es imparcial en este mundo es el azar.
Y una vez que los candidatos demuestren su competencia, ya se pueden presentar al proceso electoral y pueden ser todo lo demagógicos que quieran para conseguir votos. Por lo menos no nos gobernarán los incompetentes.
Y para que no se les olvide que están para servir al pueblo y no para enriquecerse a costa del pueblo, hacen falta dos leyes muy simples:
-Ley anticorrupción: el emperador Trajano obligaba a los corruptos a devolver todo lo sustraído y luego los mandaba a la cárcel.
¿Qué el reo no devuelve nada? Pues no empieza a contar la condena. ¿Qué al reo le da igual porque por lo menos su vida sirve para dejar bien montada a su estirpe? Pues, como ocurre con las deudas, su descendencia se hará cargo de su desfalco.
-Ley de responsabilidad: si un gobernante da claras muestras de incompetencia y deja un país en la ruina, no se va de rositas, se va a la cárcel. Así se le quitan las ideas de usar su puesto para mantenerse en el poder a costa de despilfarrar el dinero o de embarcarse en absurdos proyectos faraónicos.
Es obvio por qué los poderes públicos no quieren que la democracia evolucione a una tecnocracia democrática: sólo podrían llegar al poder los más competentes, se les exigiría ser útiles y el pueblo, libre de ideologías idiotizantes, acudiría a las urnas a ejercer racionalmente su derecho al voto.
Querido lector, que nadie le engañe. Vivimos en el siglo XXI en un mercado global y en un mundo tecnológicamente apabullante, pero seguimos usando el sistema de gobierno creado en la Antigua Grecia.
Querido lector, que nadie le engañe. Si nuestro sistema está desfasado respecto a nuestro mundo, se debe al oscurantismo de la inquisición demagógica que infesta el sistema democrático, no a que no exista un sistema más justo y mejor.

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